Me subo, saludo, pago, me siento, espero, observo, me paro, me bajo.
¿Qué es lo que me gusta tanto entonces?
Creo que es el hecho de que por un minuto en el día nada depende de mí.
Por más que lo desee o necesite, la micro no va a andar más rápido o más lento, no va a parar donde yo quiera, ni saltarse el semáforo menos indispensable. Nunca sé quien subirá o bajará. Tampoco sé cuál asiento estará disponible (aunque prefiero el penúltimo del pasillo frente a la puerta trasera). Y aunque calcule más o menos, no sé cuánto me demoraré en llegar a mi destino…
Andar en micro es descansar y esperar; esperar y descansar.

¡Que güena! Esta observación sí que me gustó. Quizás por eso es que soy peatón y me resisto a aprender a manejar...
ResponderEliminarVoy a buscar un escrito de un insigne teólogo de la PUC de Chile (Jorge Costadoat: http://jcostadoat.blogspot.com/) de cuando era estudiante... "Ensayos de MICROteología para Santiago del Nuevo Evo".. seguro que te gustará.