Estaba en un tercer piso y miré por la ventana hacia afuera. Vi muchos techos de casas rojizos, cafés, oxidados, algunos notoriamente "parchados", otros muy sucios... en definitiva, se veían muy distintos desde arriba. Confirmo con esto mi tesis de que estamos acostumbrados a mirar siempre hacia el mismo lugar. A pesar de haber estado ahí cientos de veces -mirando hacia abajo desde el tercero y hacia arriba desde el primero- y no me había detenido a mirar ese detalle: la diferencia de una misma cosa desde otra perspectiva.
Cuando miramos hacia arriba no hay un límite, sólo está el firmamento como esperante a ser alcanzado por algún valiente. Hacia el suelo en cambio, vemos nuestros zapatos, algún insecto que transite por el lugar, el asfalto, etc...
Por lo tanto me di cuenta de algo:
Mirando hacia abajo todo se ve más feo. Mirando hacia arriba todo se ve mejor.




